Los mejores compañeros son designados por sus pares inmediatos en el aula, quienes conocen su trayectoria de personas íntegras y de valores morales destacables.
El valor del compañerismo es esencial en el desarrollo personal ya que da lugar a la formación de individuos solidarios y dispuestos a trabajar en favor del bien común.
Se ha llegado a la conclusión de que el buen compañerismo propicia y alienta un respeto personal y social, una voluntad para sostener y mantener los compromisos asumidos y un sentido del sacrificio personal cuando se renuncia a los caprichos y se tolera el pensamiento de los demás.
La crisis social y educativa en la que están inmersos los jóvenes, hace que esta valoración tenga una importancia superlativa. Hoy, más que nunca, hay que darle a los buenos ejemplos la trascendencia necesaria para que actúen como un antídoto ante un panorama que se presenta oscuro para las generaciones futuras.
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